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“No te prometo un gran sueldo, te prometo un trabajo fijo”, dicen para captar sacerdotes
Los obispos, dispuestos a hacer su agosto con el paro
“No te prometo un gran sueldo, te prometo un trabajo fijo”, dicen para captar sacerdotes
Los obispos, dispuestos a hacer su agosto con el paro
Un spot publicitario para la captación de seminaristas. Pero
lo increíble no es esto, lo demencial es que ofrecen empleo “para toda la vida”. ¿Una vida apasionante?
Prometen que “nunca te arrepentirás”. A pesar de que saben
que las “crisis de fe” existen. ¿Te gustaría estar en el cuerpo de una persona
que ha elegido este camino y que a los 50 o 60 se dé cuenta de que se ha
equivocado y perdido el tiempo (su vida)? Que también puede pasar al revés…
claro. Que también le pasa a quien ha estado casado con una persona a la que ha
dejado de querer… por supuesto. Echa un vistazo y mira el porcentaje de
personas que eligen un camino laico y el que escoge un camino religioso. Por
algo será, ¿no? ¿Y si al final descubriéramos que hay un estereotipo de
personalidad regida por una determinada “gestión hormonal” que está hecho a
medida de esta vocación? Puede que esto explicara muchas cosas. ¿A cuantos
sacerdotes católicos conoces que tengan una voz profunda? Que en el mundo laico
tampoco hay muchos… ¡Correcto! Pero yo repito la pregunta “¿A cuantos conoces?”
Claro, esto no quiere decir nada. Así y todo hay una criba psicológica que se
encarga de detectar a los que van a crear problemas en un futuro (de cualquier
clase), pero que a veces falla. De cuando en cuando conoces a alguien que fue “apartado”
en su día y dices… Lo vieron, lo vieron. Pero, ¿y los que se les pasaron? Al
final ves que han acabado “soportándose” mutuamente.
Uno reflexiona y dice: ¿Pero esto de la vocación no era aquello
de la entrega a Dios…? ¿Unos votos basados en el servicio a ese Dios, la
obediencia (a la superioridad), la abstinencia sexual y la pobreza? ¿Qué tiene
que ver la vocación, la entrega, la castidad y la pobreza con el empleo? Claro,
tiene sentido: Un poco de locura en sus cabezas y un mucho de deficiencia en
las nuestras y… ¡pum! Parida increíble. ¡Qué mundo!
¿Por qué no se dedican a captar mujeres sacerdote? A lo
mejor tendrían más vocaciones. “No, claro, la mujer de monja y en un convento
de clausura. Es para lo que sirve. Que no nos la líe”. Lo que pasa es que saben
que eso de la castidad es antinatural y si entrara la mujer se armaría una
buena. Más buena incluso que las que se arman ahora, y que ya son buenas, ya.
Lo de siempre, lo de toda la vida. Pero de qué va esa gente que no se da
cuenta… Ah, claro que se dan cuenta, pero como el montaje medio funciona… “de
cambios nada, no sea cosa que nos veamos peor”. Los problemas sexuales se
dirimen en casa. ¿Va alguien a “entregar su vida a Dios” a cambio de un empleo?
¿Quién va a obedecer a esa jerarquía por un sueldecito? ¿Quién va a
“cortársela” para siempre? ¿Cómo va alguien a apostar para siempre a la pobreza
y renunciar a “pequeños disfrutes de la vida?
Para postre, nos encontramos con un funcionario por la
puerta falsa. Paga el Estado (no te pierdas el análisis del profesor Santiago
Castellà, LUZ YTINIEBLAS DEL CONCORDATO DE ESPAÑA CON LA SANTA SEDE); y al final, sino pagara
el español porque los ciudadanos presionaran por un Estado laico de verdad, pues
lo haría el Vaticano. “Nessun problema”. ¿Será por dinero? De una u otra forma,
siempre quedará la vieja solterona que con la donación de sus bienes se
comprará un trocito de cielo bien vendido por alguno de estos sacerdotes.
¡Cuanta mentira! ¡Cuanta hipocresía! Pero, ¿es que estamos
idiotas o qué? ¡Cuantos montajes de vividores en esta vida! Todos a chupar del
bote. Y lo peor, comprendería que esto ocurriera en ambientes laicos, pero en
nombre de Dios… ¿A quién quieren engañar? Está claro que a nosotros. ¿Crees que
habría engañadores si no hubiera cándidos de buena fe?
No le des caña a nadie, no. No te preocupes. Si te parece
que todo está bien, que lo que hay es lo que hay y que no se
debe cambiar nada… pues adelante.
Juan-Lorenzo


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Aprecio más la calidad que la cantidad. Opino que la mujer ha de tener la misma altura que el varón en la sociedad, religión incluída. La parte "negativa" existe en todos los humanos, clérigos incluídos. Por tanto el rasero de sanciones ha de repartirse de forma equitativa y sin ensañarse ni acomplejarse por su condición de educación, nivel de vida, estado laico o religioso, capacidad económica. Para ello sólo se precisa una exigencia social que habrá de proceder de una educación plena que sepa cortar las alas a cualquier malhechor que, verdaderamente, es más responsable si tiene un rango que le confiere algún ascendiente social.
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