Hace ahora justo siete años que fui con un amigo a Cuba a
ver en directo la Revolución de Fidel sin intermediarios ni playas turísticas
(por libre), y de paso reactivar mi nostalgia y meterme de lleno en la España
de los años 60, tiempo de mi juventud. Pensábamos que a esa Cuba ya no le
quedaba mucho tiempo de vida y que “aquello” no iba a tardar en desaparecer.
Han pasado todos estos años y sin embargo aún continúa, hasta que algún día
“los depredadores del norte” (los desinquietos) llegarán con sus papeles
de propiedades y capital y se encargarán de destruirlo todo, y aquellos que
ahora “están trabajando para ellos”, pasarán a ser siervos del Capital… pero
tendrán carros modernos, gafas de sol “fashion” y alguna que otra deuda,
y podrán soñar con poseer cualquier cosa (creyendo que está a su alcance)
y que nunca llegarán a tener.
En una escapada desde La Habana hasta Pinar del río (Viñales,
occidente de la isla), disfrutamos de una región preciosa digna de visitar. Después
de atravesar una caverna (la Cueva del Indio), disfrutar del paisaje y de saborear
el “zumo” de la caña de azúcar y un buen Habano (el primero y el último después
de dos meses sin fumar hasta hoy), llegamos al Mural de la Prehistoria.
Tras “palpar” aquello con mis manos impregnándome de olores, texturas, sonidos…
y percibiéndolo todo a través de los poros de mi cuerpo, regresaba por el
sendero hacia la salida cuando me crucé con un grupo de militares que venía en
sentido contrario. Un general de metro y medio, regordete y que desbordaba
energía, comentaba a sus acompañantes con los que iba a cenar en un restaurante
cercano, lo harto que estaba de los turistas que lo invadían todo. Aquello era
su Patria, su territorio sometido a su autoridad y los visitantes se le
escapaban un poco de las manos contaminando quizás su acotado mundo.
Ese general era de la misma clase que los que tenemos aquí.
Sólo que aquel era “revolucionario” y los de aquí no lo son. Lo que quiero
decir es que todos son iguales; que en todas partes hay gente acomodaticia que
le hace el juego al Sistema en beneficio propio y se “colocan” en él. Me
impactó la escena. Estaba en un país extraño, dentro de una dictadura, como la
que yo hacía ya muchos años había dejado atrás. Un ligero cosquilleo de temor
recorría mi cuerpo ante todo ese poder arbitrario aunque sabía que mi estatus
de turista español me proporcionaba inmunidad. A pesar de mis simpatías por el
Régimen acosado por el embargo desde hace un montón de años, no pude evitar un
escalofrío de inseguridad que recorrió mi espalda de arriba a bajo.
Cuando un país cualquiera se remueve (y he visto muchos), lo
último que hace es hacer pagar el pato a los suyos. Pasará cualquier cosa pero
los últimos que dejarán de cobrar serán los militares, policías, funcionarios,
jueces, médicos, maestros, periodistas… los primeros que van a sufrirlo son los
ciudadanos de a pié. El Sistema no es un territorio, ni un idioma, ni una
Patria, ni una raza, ni una cultura… ni tan siquiera un Imperio, aunque suele
estar ubicado en esos “lugares”. El Sistema es todos aquellos que viven
de él. La gente se hace fácilmente colaboracionista con los tiempos que
corren, es el instinto de supervivencia. El Sistema se resiste al cambio
por pequeño que sea. Todo el mundo “de dentro” ha encontrado su lugar
en él y tienen miedo a perder sus privilegios. Es el pueblo llano
quien tiene que proveer para mantener el tinglado. Estos son los verdaderos
paganos, porque los ricos no pagan lo que deberían pagar.
Por todo esto, me ha extrañado sobremanera que en este país,
después de quitarles sus derechos a los ciudadanos de a pié y de rebajarles sus
ingresos hasta límites insospechados pasando por el paro y situándoles en la
pobreza, el Sistema se haya permitido el lujo de meterse con los suyos.
¡Cuan grave debe ser la cosa! ¿Pero es que no saben que estos son intocables?
¿Cómo se lo ha podido permitir? Pero lo verdaderamente curioso es que a pesar
de ello estos a su vez, le están haciendo la cama a la élite, a los de arriba, a
los que verdaderamente mandan.
En el último cuarto del siglo XX pasamos de una dictadura a
una supuesta democracia con aquello que denominaron “Transición” pero las cosas
cambiaron bien poco. Ahora los tiempos están lo suficientemente removidos para
que se dé algún paso hacia delante. Me extrañó que el Sistema se metiera con
los suyos y pensé mucho sobre eso, pero al final he llegado a la convicción de
que cualquier sociedad es un conjunto de fuerzas en busca de un
equilibrio; que ninguna de ellas piensa en el mañana, que lo
único que existe para ellas es el presente, no tienen más consideración
que esta. Y basados en ese principio, los Sistemas (a través de los
chupópteros) lo único que buscan es mantenerse cueste lo que cueste, el mañana
ya vendrá; y “como siempre estará el capital que es quien
realmente manda…” pues en el nuevo escenario continuará mandando y siempre habrá
gente mezquina, egoísta y colaboracionista que no permitirá que “nuestro
Sistema” se vaya al garete. La Resistencia impedirá cualquier conato de
cambio y este sólo se producirá a remolque de la demanda exterior al mismo,
como reacción. Por lo tanto este cambio será suave o fuerte en razón de
la demanda ciudadana “no afecta” al Sistema. Los poderosos siempre estarán ahí
mientras los súbditos los mantengan a cambio de unas migajas. ¡Qué largo
y sinuoso es el camino de la madurez social!
Esto ocurre tanto en Cuba, como en Honduras, Arabia Saudí, los
EEUU o Europa. Esto ocurre en todos los sitios. Es una cuestión de intereses. Son
los Sistemas. No importa que unos sean dictadura del
proletariado y otros dictadura del capital, todos son lo mismo. Si
los ciudadanos pierden sus derechos, no podrán plantarse y hacerles frente.
Caña a los ciudadanos que por “dos reales” le hacen el juego
al Sistema injusto.
Juan-Lorenzo
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